
Cuenta la leyenda que en 1348 un sacerdote perdió la arquilla con las sagradas formas que llevaba a un morisco gravemente enfermo que vivía en una alquería al otro lado del barranco del Carraixet. Al cruzarlo, las aguas del barranco que bajaban muy crecidas arrastraron al sacerdote y a la cabalgadura que montaba, perdiéndose las formas consagradas que llevaba con él. Ante este suceso, según la tradición, los vecinos de
Alboraya, bordeando las orillas del río en busca de las sagradas formas, observaron cómo tres peces las sostenían en sus bocas. Ante aquel hecho prodigioso, «el pueblo de Alboraya, con el sacerdote al frente, promovió procesiones y la construcción en el lugar de una ermita que hoy se conserva, aunque muy reformada», según recordaron ayer desde el Arzobispado. Precisamente este hecho, recordado como ‘el Miracle dels peixets’ se conmemoró ayer en la citada ermita con una misa.

Ermita del Miracle dels Peixets
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